viernes, 15 de junio de 2012

Los cuerpos dormidos



Ayer quedé suavecita suavecita.
Todo se ralentó como si hubiera ingresado a otro mundo.
Abrí los ojos en aquel paraje desierto
y comencé a descubrir nuevamente
 mi condición de ser humano.

Realmente sentí los siglos en mi cuerpo
la gravedad pesaba una eternidad
los sonidos parecían distantes
como si mis oídos también volviesen a la vida.

Mover un omóplato como intentar desquebrajar el macizo de Brasilia.
Éramos seres míticos, estatuas sagradas de piedra.
Dioses ante la desesperación de encontrarse en un cuerpo
tan pequeño y amorfo, tan pesado y flexible,
una masa tan blanda, una estructura tan resistente.

Un movimiento, miles de engranajes trabajando.
Qué difícil tener que despertar tal
 multiple intermegaconexión de sistemas.
Qué difícil reavivar uno a uno cada movimiento...

Qué placer descubrir la maravillosa complejidad de un cuerpo humano.










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